viernes, 7 de septiembre de 2018

mi relato "Mariana" en ÁNGELES CAÍDOS

Mi cuento "Mariana" en esta muy buena antología anual de relatos publicados por FICCION CIENTIFICA, llamada "Ángeles caídos y otros relatos de Ficción Científica". ¡Muchas gracias José Antonio Cordobés Montes! Acompaño a muy buenos escritores que también forman parte de esta recopilación: mi muy querido Néstor Darío Figueiras, Salomé Guadalupe Ingelmo, Isabel Santos, Patricia K. Olivera, Carmen Rosa Signes Urrea, Dolo Espinosa, Guillermo Echeverría y Joan Antoni Fernández.

Se puede leer acá: http://www.ficcioncientifica.com/relatos/viewdownloads/27



Un micro mío en "la mini"

La gente de "la mini" (Revista "Minificción". Revista impresa cuatrimestral, gestada en las aulas de la Universidad Nacional Autónoma de México) me avisa que mi micro "La ciudad de los cerdos" fue seleccionado para este interesante proyecto (http://minificcion.com/este-proyecto), junto a textos de varios y muy queridos amigos: Diego Muñoz Valenzuela, Adán Echeverría, Patricia Nasello, Jose Luis Zarate, Camilo Montecinos, Claudia Sánchez y Alejandro Bentivoglio
¡Muchas gracias!


En pocos días, presentación de la I ANTOLOGÍA LATINOAMERICANA DE LITERATURA FANTÁSTICA NEOINDIGENISTA

En unos días, estaré presente en la presentación. En esta antología está mi relato "Vengo hasta ustedes desde un dios muy lejano"
I ANTOLOGÍA LATINOAMERICANA DE LITERATURA FANTÁSTICA NEOINDIGENISTA, 
PENBOLIVIA y el Grupo Editorial Kipus están lanzando la primera antologia de literatura neoindigenista dentro la narrativa fantástica y la ciencia ficción. Los Compiladores son Iván Prado Sejas y Willy Oscar Muñoz y presentarán el libro en el III Encuentro de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica, Bolivia, 2108 que se realizará del 27 al 28 de septiembre.



En pocos días, en Cochabamba



sábado, 4 de agosto de 2018

"Acacio, bibliotecario, inventor de la nada" en la REVISTA VIRTUAL QUIMERA


En la REVISTA VIRTUAL QUIMERA (San José, Costa Rica), mi relato "Acacio, bibliotecario, inventor de la nada (El décimo signo)"

Lo pueden leer acá:
https://revistavirtualquimera.wordpress.com/2018/07/30/acacio-bibliotecario-inventor-de-la-nada-el-decimo-signo/

Con mi ejemplar de CORTOCIRCUITO

Desde la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México), Fernando Sánchez Clelo me hace llegar mi ejemplar de la antología CORTOCIRCUITO - FUSIONES EN LA MICROFICCION, después de un periplo de varios meses (cuyo último eslabón fue mi amigo Coco Goycoa). Allí participo con mi micro "Mami no va a dejar que te pase nada".
Como acotación, de este texto, dijo Adán Echeverría en su crítica a Cortocircuito, "Piense bajo su propio riesgo": "...un magnífico y brutal texto que marca el deterioro neocristiano de la abnegación de la madre, y la enfermiza relación con los hijos varones, un texto visceral cargado de sorpresa y emoción."


viernes, 3 de agosto de 2018

Videos de la presentación de Textos Fugados en la FILBA 2017

Angie García me hace llegar algunos videos de la presentación de la antología "Textos Fugados" (donde publicamos textos de autores del Laboratorio Literario San Martín Lee) en la Feria del Libro de Buenos Aires del 2017

https://www.youtube.com/watch?v=zlKVBdV25Tw

https://www.youtube.com/watch?v=TIok91Bk3yQ

https://www.youtube.com/watch?v=qCL9dYdUGBg


Micros míos en el sitio de microficción EN LOS ESTEROS

Mi querido Doctor Antonio Cruz publica unos cuantos micros míos en su sitio de microrrelatos EN LOS ESTEROS (por cierto, MUY recomendable)

Pueden leerlos acá: http://enlosesteros.blogspot.com/2018/07/daniel-frini-cordoba.html



¡Ya llega "Distópica"!

¡Ya llega! ¡Ya llega!

Luciana Baca nos avisa que ya se viene #Distópica. (Ediciones Perro Gris) Aquí está la portada, con ilustración de Elmo Rocko (dibujanterocko.blogspot.com).

sábado, 28 de julio de 2018

"Razones y causas" en LA SIRENA VARADA Nro6

En el Nro 6 de "La Sirena Varada" (Tlalnepantla de Baz, México), mi cuento corto "Razones y causas —visibles y ocultas— que llevaron a mi cliente, de manera inevitable, a pegarle un hachazo en la cabeza a su abuelito"

Pueden leerla acá



Mi nota para REVISTA DIGITAL "UN VISTAZO": "Experimentar con la literatura"

En la página 114 del Nro 2 de la REVISTA DIGITAL “UN VISTAZO” (Oaxaca, México), mi nota “Experimentar con la literatura”, acerca del LABORATORIO LITERARIO SAN MARTIN LEE
Pueden leer la revista acá



Mi primera nota para REVISTA DIGITAL "UN VISTAZO": "Para preparar escritores:

En la página 105 del Nro 2 de la REVISTA DIGITAL “UN VISTAZO” (Oaxaca, México), mi nota “Para preparar escritores”, acerca del ESPACIO DE FORMACIÓN LITERARIA
Pueden leer la revista acá



En UN VISTAZO, "Sonará el despertador a las cinco menos diez"

En el Nro 2 de la excelente REVISTA DIGITAL "UN VISTAZO" (Oaxaca, México), mi micro "Sonará el despertador a las cinco menos diez" ¡Gracias, Angy Bennetts Carlock, gracias  Pedro Luis Hernández!
Pueden leer la revista acá

domingo, 22 de julio de 2018

En EL NARRATORIO Nro 29, mi relato "La payada de Edipo y la esfinge"

En EL NARRATORIO Nro 29, mi relato "La payada de Edipo y la esfinge".
Se puede leer acá: https://issuu.com/elnarratorio/docs/el_narratorio_antologia_literaria_d_908060f832656c




"La medicina es una ciencia exacta" en CUENTOS CRIOLLOS

En el programa Nro 21 de este 2018 de CUENTOS CRIOLLOS mi querido Juanci Laborda Claverie, lee mi cuento "La medicina es una ciencia exacta".

Pueden escucharlo acá.

Si les interesa escuchar el programa entero (¡Dos horas excelentes de cuentos de autores argentinos y música nacional!), pueden hacerlo acá.

Como soy un tipo malo, malo --me gusta serlo-- y escribí un cuento difícil de leer y escuchar, acá les transcribo la versión escrita, si les interesa seguirlo.

La medicina es una ciencia exacta

Desde hacía tiempo, en los clasificados barriales se presentaba como Tupaq Qhawana. Decía ser jampiri del pueblo kolla, venido del Tawantinsuyö y de los ayllus altoandinos, inspirado por Tayta Inti y Mama Killa. Pregonaba que era capaz de traer y amarrar al ser querido, hacer florecer un negocio, leer las hojas de coca esparciéndolas sobre un haguayo y adivinar el humo del cigarro. Revelaba que era depositario de los willka unanchakuna legados por Manco Kápac, el Intichuri; que hacía videncia pendular y curaba daños, hechizos y maleficios. Se declaraba conocedor del kausay —que le fuera revelado por Wiraqocha y Pachakamaq—; heredero de la cosmovisión de los kollas, sólo entendible en runa-šimi y sin traducción posible en kastilla-šimi.
Aclaraba, por si hiciese falta, que los materiales estaban incluidos en el precio de todos sus trabajos.
Su consultorio era una habitación de paredes descascaradas, alquilada a una familia boliviana, a pocas cuadras del centro de Laferrere. En la puerta había atado con alambre una plaqueta de bronce, en la que se leía:
Tupaq Qhawana 
Jampiri Inka - Curandero 
Atendía con un disfraz que se parecía más a la vestimenta de un arapahoe de las praderas norteamericanas que a la de un willka incaico. Recibía a sus pacientes con el saludo ritual:
—Ama quella, ama suwa, ama llulla, ama hap’a.
Al que ellos respondían con una mezcla confusa de oraciones cristianas:
—… y con tu espíritu.
—… por mi gran culpa.
—… sin pecado conseguida.
En realidad, había abandonado en tercer año la Licenciatura en Astrofísica, que cursaba en la Universidad Nacional de La Plata.
Cierta vez oyó de alguien que curaba con numerología, y decidió ir más allá, aplicando una mezcla extraña de yachay quichua y análisis matemático.
Armó, de apuro, una cosmogonía en la que, por ejemplo, Coco Mama decidía sobre la salud y la enfermedad mediante el planteo de ecuaciones en derivadas parciales; para lo cual, la diosa establecía funciones entre variables independientes —el amor del Aniceto, la culebrilla de la menor de los Pérez, los sabañones del Tape Mansilla— y sus derivadas. Decía que el Teorema de Cauchy-Kovalesvskaya aseguraba la existencia y unicidad de soluciones al mal de ojo, aunque pudiera ocurrir que la función incógnita o alguna de sus derivadas no fuera analítica, y en tal caso se explicaría por qué habiendo previsto que don Macario Maldonado recuperaría el caballo que perdió en un truco, el pobre viejo terminara entregando su jubilación para que no lo metan en cana.
En otros casos manifestaba que Supay, el diablo, era experto en el análisis complejo de funciones holomorfas, y traía a colación el curioso comportamiento de éstas cerca de las singularidades esenciales —dónde dejó los dientes postizos el Payo Segovia; qué pasó con el abuelo de la señora del mecánico, que fue a comprar cigarrillos en el año cincuenta y ocho, y nunca volvió— descrito por Weierstrass y Casorati, que da origen a las meromorfas, y de cómo es imposible encontrar una respuesta en el campo de los números reales cuando se anula la función denominador.
Cierta vez recurrió a su método con Ña Ángela, que estaba peleada con su aparejado y no podía ella sola con su problema. Estaba convencida que de pura envidia le habían hecho una saladura; y fue a ver a Tupaq Qhawana para que le haga una limpia.
Previos ritos de purificación, el jampiri le dijo:
—El mal es una abstracción, Ña Ángela, como los números: uno ve una manzana al lado de otra e inmediatamente asocia «dos»; aunque el número dos no aparezca por ningún lado. Y siendo así, nos podemos valer de los recursos de la matemática para entender al mal. Por ejemplo, la Pachamama me muestra que usted tiene problemas de hígado; y llego a eso partiendo de un khipu kolla, que representa una ecuación binómica indeterminada de tercer grado a la que podemos aplicar la integral segunda de Riemann-Stieltjes, por ser una serie infinita recursiva, sujeta al cálculo de variaciones de Lagrange; y puedo decirle que el resultado es uno solo: su marido. Me lo dice Amaru, va a tener que aplicarle determinantes. Tome esta chuspa, y vaya dándosela de a poquito, todas las mañanas, con un vasito de caña.
El marido de Ña Ángela sufrió una apoplejía apenas una semana después.
La carátula de la causa penal dice: «Sosa, Anselmo Carlos s/ejercicio ilegal de las matemáticas».

viernes, 6 de julio de 2018

En el Nro 5 de "Letras y Demonios", mi cuento "Aquí estoy"

En la quinta edición de la revista mexicana "Letras y Demonios" publican mi cuento "Aquí estoy". ¡Gracias, Alfonso Padilla"
Pueden leerlo acá:







"Macarena" en la antología del "IX Concurs de Relats Breus"

La gente del Diari de Terrassa (Terrassa, Barcelona) publicó, finalmente, la antología de los finalistas en el "IX Concurs de Relats Breus". Allí está mi micro "Macarena".

Pueden leerlo acá:
https://www.caja-pdf.es/2018/07/03/relats-breus-2018/preview/page/1/
https://www.caja-pdf.es/2018/07/03/relats-breus-2018/preview/page/44



viernes, 29 de junio de 2018

""Hic sunt sirenae" en LA IDEA FIJA

En LA IDEA FIJA Nro18, mi cuento "Hic sunt sirenae", con ilustración de Saurio.
Pueden leerlo acá


sábado, 23 de junio de 2018

"Donde habitan las almas de los muertos" en Culturamas

En la revista digital española "Culturamas" publican mi cuento"Donde habitan las almas de los muertos"

Dicen en Culturamas: Esta semana Los relatos de Culturamas os trae una descarnada y violenta historia enmarcada en el desolador paisaje en el que tuvieron lugar las reducciones de indígenas. Un relato de perdidas y de derechos que estamos seguros que, a través de una prosa afilada, arrastrará al lector hasta el final.

Se puede leer acá

sábado, 9 de junio de 2018

En el Diari de Terrassa

En la publicación del Diari de Terrassa (Cataluña), "IX Concurs de Relats Breus", aparece mi micro "Macarena, seleccionado en el concurso

Seleccionado en el II Concurso Microrrelato Ilustrado de la Universidad de Jaén

Mi microrrelato "El Génesis según el viejo" seleccionado para el II Concurso Microrrelato Ilustrado de la Universidad de Jaén, España!




viernes, 25 de mayo de 2018

Silvia Vázquez me entrevista

Silvia Mabel Vázquez me entrevista para "Las musas despiertas"su blog literario-periodístico, acerca de la presentación de mi libro "Poemas de Adriana" en la FILBA 2018. ¡Muchísimas gracias, Silvia!

Se puede leer acá.

Adán Echeverría habla sobre mi micro "Mami no va a dejar que te pase nada"

En el periódico “El Vigía”, de México, Adán Echeverría escribe “Sobre una antología de minificciones”, una crítica de la antología “Cortocircuito” compilada por Fernando Sánchez Clelo, para la colección Ficción Express. En ella, Adán dice acerca de mi micro “Mami no va a dejar que te pase nada”: (…) un magnífico y brutal texto que marca el deterioro neo cristiano de la abnegación de la madre, y la enfermiza relación con los hijos varones, un texto visceral y cargado de sorpresa y emoción…

Pueden leer la nota acá


Mi cuento "Noticias de la sagrada ciudad de Elelín" en EL NARRATORIO, Año 2, Nro 27.

En la REVISTA DIGITAL "EL NARRATORIO", Año 3, Nro 27; mi cuento "Noticias de la sagrada ciudad de Elelín"

Pueden leerla acá



Cuentos míos en BABELICUS

En el Nro 5 del ezine internacional BABELICUS EN ESPAÑOL, que forma parte del blog del amigo y escritor italiano Stefano Valente (babelicus.blogspot.it), y que coordina mi querida Adriana Alarco de Zadra, están mis cuentos "Éramos un millón de animalitos ciegos" y "Ella nos enseñó a descubrir mundos mágicos". ¡Gracias, Adriana!

Pueden leer todo el ezine acá

ÉRAMOS UN MILLÓN DE ANIMALITOS CIEGOS

Entraron a mi hogar destruyendo todo.
El primero en morir fue papá, al tratar de impedir que tomaran a mi madre; pero el más grande de los salvajes, el que a todas luces era el jefe del grupo, le asestó un tremendo golpe con su garrote, que deshizo su cabeza.
Mi hermano mayor me tomó entre sus brazos y quiso sacarme de la Gran Sala, alejándonos de Casa. Nunca supe de dónde vino el ataque. Se le doblaron las piernas y caímos. Cuando vi sus ojos vidriosos escudriñando el vacío, comprendí que estaba muerto. Grité con todas mis fuerzas, en una mezcla de impotencia y locura.
Ese fue mi último acto consciente. Nunca más volví a ver a mi familia.
Los salvajes me encerraron en una caja pequeña, en completa oscuridad. Me alimentaban una vez por día y nunca me dejaron salir. El olor y la pesadez del aire eran insoportables.
No sé cuánto duró esa agonía. Perdía el conocimiento de continuo. En mis escasos momentos de lucidez notaba a veces una negrura total y otras, hilos tenues de luz que iluminaban mis manos sangrantes e infectadas, como lo estaba el resto de mi cuerpo. Y en todo momento, el movimiento bamboleante me mostraba que íbamos andando hacia un destino que desconocía.
En el delirio de la fiebre oía desgarradores gemidos y hasta lo que, supuse, eran palabras que decían mis compañeros de marcha y agonía. No reconocí sus lenguajes.
Cierto día, el bullicio del exterior se hizo atronador. En algún momento abrieron la puerta de mi caja y dos salvajes me sacaron, arrastrándome, de ella. La claridad cegadora inundó mis ojos. Cuando, después de un tiempo, pude adaptar mi vista a la luz, comprendí que estaba en una jaula. Con gran esfuerzo, me puse en cuclillas y pude apreciar la inmensidad de la trágica escena.
Estábamos en una habitación muy grande, más grande que cualquiera que hubiese visto antes. A ambos lados de un pasillo estaban dispuestas las jaulas, similares a aquella en la que ahora me encontraba, algunas más grandes, otras menores. Unas encima de las otras. En su interior, infinidad de seres de los que habitaron mi tierra. Desde los grandiosos Caballos-con-Trompa, hasta los hermosos Seres-que-Surcan-los-Cielos.
Mi jaula ocupaba uno de los lugares más altos, apenas por debajo de una ventana circular. Poniéndome en puntas de pie con esfuerzo, a través de ella podía ver un paisaje desolado: una gran extensión de arena, con algunos arbustos esparcidos aquí y allá; una llanura chata apenas cortada por una montaña solitaria, a lo lejos, detrás del horizonte.
En la jaula vecina habían colocado a una hembra de mi raza, a la que jamás había visto antes. La cubría de vergüenza su desnudez obligada, y aunque la supuse hermosa, su rostro con sangre seca, sus ojos rojos de llanto y su cuerpo tan maltratado, quizá como el mío; me empujaron a la pena y a la necesidad de consolarla. Le hablé con suavidad, pero ni siquiera me miró. Perdí la cuenta del tiempo que pasamos allí.
No había ningún tipo de separación entre las jaulas de arriba y las de abajo, de modo tal que el excremento y el orín de las superiores caían de una a otra hasta llegar al piso. Muchos de los cautivos que estaban en las jaulas inferiores murieron. Cada día, una vez, los salvajes entraban a la Gran Habitación y retiraban los muertos, ponían a nuevos prisioneros, recién llegados, en otras jaulas y nos daban escaso alimento.
Nos castigaban sin motivo. Creo que mi compañera enloqueció. Lloraba y llamaba sin descanso a su hijo.
Finalmente, una mañana en que vi el cielo oscurecido por las nubes, se abrió la puerta de la Gran Habitación y entraron todos los salvajes. A su cabeza, uno de ellos, de pelo blanco y cara surcada por arrugas viejas, y al que nunca habíamos visto; alzó su mano. Se hizo el silencio y con voz atronadora habló con palabras que no entendí, pero que aún escucho en mis oídos como a una maldición, como el motivo y razón de la muerte de mi mundo. El dijo:
―¡Animales!, mi nombre es Noé.
Afuera se desató la tormenta. Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches.


ELLA NOS ENSEÑÓ A DESCUBRIR MUNDOS MÁGICOS

Las clases con la señorita Tita eran pura poesía.  Pensá que teníamos, no sé, seis años; o siete alguno que repetía; no más grandes que eso; y la mayoría con un julepe bárbaro porque apenas dejábamos nuestras casas para entrar a ese otro mundo, el de los niños de impecable blanco, como decía la directora. No había Jardín de Infantes ni aclimatación con nuestras viejas. No señor. Primeros días de marzo, olvidate de la infancia, chau mamá, y adentro, a clases.
Pero con ella ¡que delicia! Tenía el don de hacerte sentir en el patio de tu casa, jugando con tus amigos.
Cierta vez nos pidió que llevásemos plastilinas de colores. Ese día la Señorita Tita entró al aula, y nos dijo:
—Hoy vamos a fabricar pájaros.
Nos dio algunas indicaciones y, con las manitos sucias después del recreo largo, empezamos a moldear bolitas chiquitas y grandes que juntábamos, unas con otras, remedando algo lejanamente parecido a un ave. Y entonces, cómo decirte, se hizo el milagro. Ella empezó a pasearse entre los bancos, diciendo, mientras acariciaba nuestras cabecitas:
—Qué bien, María
—Te felicito, Rubén
—Muy lindo, Mario
Y después de esa caricia, en nuestras manos, esas estatuitas deformes de plastilina se transformaron lentamente en aquello que cada uno de nosotros había imaginado. Y empezaron a volar.
Aparecieron hermosos gorriones, fantásticas golondrinas, y loritos barranqueros, y benteveos, chingolitos, calandrias, cardenales, canarios, tordos. Algunos más estudiosos, que habían visto dibujos y fotos en algún manual, se le animaron a los flamencos –por aquel entonces yo no sabía que se llamaban así- y a las cigüeñas, y a un pelícano, gaviotas, garzas, petreles. Y dos o tres que tenían una imaginación fabulosa, amasaron unos pájaros extrañísimos que recuerdo —la memoria, vos sabés, te juega malas pasadas— como parecidos a quetzales, guacamayos y aves del paraíso.
Casi al mismo tiempo, las paredes del aula se desvanecieron y nos encontramos sentados en un prado, al pie de la sierra; bajo un cielo luminoso y cristalino; y con nuestros pájaros volando y piando, graznando, trinando, silbando o como se llame al canto de cada especie.
Y nosotros, embelesados, reíamos y gritábamos mientras saltábamos y corríamos de acá para allá, siguiendo sus vuelos con nuestras caritas llenas de vida, en medio de un festival de colores y plumas.
Y la Miriam que gritaba porque el cóndor que había fabricado el Cholito le hacía vuelos rasantes; porque todos sabían que el Cholito gustaba de la Miriam, como se decía entonces.
Y la gorda Alicia se quedaba quietita, con ojos de pánico, porque le tenía miedo a las palomas que le pedían esas semillitas de girasol, que ella llevaba siempre en un bolsillo; sí, las mismas que ahora se llaman pipas.
Y el José carreteaba intentando despegar mientras agitaba sus bracitos imitando el vuelo de un albatros que había inventado.
Y la Estela daba manotazos para agarrar su picaflor. Y la Susi sacaba miguitas de pan de adentro de su cartuchera para tirárselas a un hornerito que la miraba desconfiado. Y el Juancho, cómo no, buscaba piedritas; que por suerte no encontró, para poder usar con su gomera; desesperado ante tanto pájaro suelto y él sin municiones.
Yo miré a la señorita Tita: estaba radiante. Y te juro que vi al sol reflejado en una lágrima, que se me antoja de amor, sobre su mejilla.
Claro que el alboroto que hicimos debe haber sido grande, porque una milésima antes de que se abriera la puerta del aula, los pájaros se detuvieron en el aire. Volvieron las paredes, y el pizarrón, y los bancos, y el piso; se esfumó el cielo y apareció el techo de siempre, viejo y descascarado, con su lamparita solitaria colgando como un triste solcito casi apagado.Recortada en el marco de la puerta, apareció la silueta de la directora. Adivinamos su gesto adusto de siempre; y se nos vino encima el consabido discurso: que la escuela es un templo del saber, que no se puede permitir tanto ruido, que ¡estos niños!, que el respeto por los demás, que para hablar están los recreos, y dale, dale, dale.
Mientras nos retaba, miré al piso: pedazos informes de plastilina estaban desparramados por todos lados, aplastados, como si hubiesen caído desde gran altura.
La señorita Tita, ajena al discurso y a sabiendas de su semilla plantada, sonreía.