domingo, 30 de agosto de 2009
Bisnes ar bisnes
domingo, 23 de agosto de 2009
Apollo XIII
Machismo Bíblico II
domingo, 16 de agosto de 2009
El tonto del pueblo
Cómo pasar camellos por ojos de agujas
domingo, 9 de agosto de 2009
Placero
Ap. 6:1
El Cordero abrió el segundo de los sellos del Libro; y vi al segundo jinete. Llevaba una espada muy grande y le fue dado el poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se maten unos a otros. Su nombre era Guerra.
El Cordero abrió el tercero de los sellos del Libro; y vi al tercer jinete. Llevaba una balanza en su mano. Su nombre era Hambre.
El Cordero abrió el cuarto de los sellos del Libro; y vi al cuarto jinete. Lo seguía todo el infierno y le fue dado el poder sobre la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras. Su nombre era Muerte.
Vi, también, que Victoria iba montado en un burro petizón, de pelaje tordillo blanco, de cabeza grande y orejas caídas. Con el trote lento, la corona de Victoria estaba ladeada, y el arco a su espalda subía y bajaba, como un elástico, al ritmo de la marcha.
Y vi que Guerra jineteaba un caballito de madera, de color rojo, con rueditas, como aquel que me regalaron mis padres para navidad, cuando yo tenía seis años. Guerra se impulsaba, trabajosamente, con sus pies; renegando en el terreno pedregoso. Arrastraba su espada, que dejaba un surco enorme en la tierra.
Y vi que Hambre montaba un matungo negro; viejo, muy viejo, afiebrado, con cicatrices de heridas antiguas y costras sanguinolentas de heridas nuevas en el lomo, las patas y la cabeza. Hambre llevaba la balanza colgada a un costado de la montura, llena de polvo y con vestigios de telarañas.
Y vi que Muerte cabalgaba un viejo caballo de calesita —reliquia arrancada de alguna plaza— de fibra de vidrio, pintado con laca amarilla descascarada. Los de la primera fila de la legión del infierno que lo seguía, se sonreían. Los últimos lloraban en franca carcajada.
Y oí que Victoria decía “Ya nadie nos respeta…”
Y oí que Guerra decía “Nadie cree en nosotros…”
Y oí que Hambre decía “Estamos muy viejos para estos trotes…”
Y oí que Muerte decía “Estos de atrás, la verdá que me rompen soberanamente las pelotas…”
domingo, 2 de agosto de 2009
Cuidado
Teoría de la extinción de las especies
sábado, 25 de julio de 2009
Cifrado
Troyano en el caballo de Troya
sábado, 18 de julio de 2009
1er Premio IV Certamen de Cuento Breve y Poesía COSME SEBASTIAN RENIERO

Mártir
— Bueno, muchachos, como joda ya está bien
Estimulación casera
-¡Andá a trabajar, atorrante!- decía el padre -¿o creés que te voy a mantener toda la vida?
-¡Soy un artista! - decía el hijo -¡las musas han venido a mi lado y me dictan mi obra magna!
-Pásenme la sal- decía el abuelo.
-¡Generaciones venideras alabarán mi genio!- decía el hijo
-¿Generaciones venideras?- decía el padre -¡Lo unico que veo venir es que mañana venís a la obra conmigo, a revolear ladrillos!
-¡Blasfemo!- decía el hijo
-¡La puta que te parió! - decía el padre
-¿Y yo qué tengo que ver?- decía la madre
-¿Me pasan la sal?- decía el abuelo
-¡Soy un artista!- decía el hijo -¡debo acatar el llamado de Euterpe!
-¿Quién carajo es esa?- decía el padre
-La musa de la música...- decía la madre
-¡La sal, porca miseria! - decía el abuelo
-¡Vas a acatar el llamado de la musa del pastón de cemento! - decía el padre.
-Ella me inspira, me estimula...- decía el hijo
-¡A vos te va a estimular un patadón en el culo! - decía el padre
-¡La sal!¡la sal!¡la sal!¡la sal! - decía el abuelo
-Pero nene...tenés que trabajar.¿porqué no dejás la guitarra para los fines
de semana?- decía la madre.
-Para la creación no hay tiempo ni momentos- decía el hijo
-¡Para la joda, querés decir!¡para trabajar sí hay tiempos!¡mañana a las seis te quiero conmigo, cagándote bien cagado de frio!- decía el padre
-¡Cuando me recuerde la historia, dirá, también, que mi padre era un tirano!- decía el hijo
-¡Y mi hijo un pelotudo!- decía el padre
-¿Me pasan la sal?- decía el abuelo-Pero viejo...- decía la madre
-¡Viejo, las pelotas!- decía el padre
-Te va a subir la presión ...- decía la madre
-¡Ahora lo defendés!- decía el padre-¡A este sinvergüenza, defendés!
-Ustedes no me comprenden.. - decía el hijo.
-Madonna santa... Las milanesas no tienen sal- decía el abuelo.
-¡Terminela con la sal! - decía el padre
-¡No te metás con papá! - decía la madre
-¡Viejo de mierda, es más zángano que tu hijo! - decía el padre.
-¿A quién le decís viejo de mierda?¡que si no fuera por él, que nos ayudó con la casa, hoy me tendrías viviendo en una villa miseria! - decía la madre.
-¡Dejate de joder...!- decía el padre
-¿Quién está jodiendo?¿O el señor se cree que con la porquería de sueldo que trae, alcanza?- decía la madre
-¡¿Porquería de sueldo?!¿Y vos que mierda aportás?¡Y arriba hay que mantener a tu viejo!- decía el padre
-Me voy a tocar la guitarra a mi pieza...- decía el hijo
-¿Me van a pasar o no la sal? - decía el abuelo
sábado, 11 de julio de 2009
Tres cerditos
Crisis de identidad
domingo, 5 de julio de 2009
Mi casa nueva
El complot original
domingo, 28 de junio de 2009
Costumbres raras

Ch'in Er Shi

sábado, 20 de junio de 2009
Por favor, mamita
Ella nos enseñó a descubrir mundos mágicos
lunes, 15 de junio de 2009
Ley de la Creación
El extraño caso del ahorcado John Horwood
sábado, 30 de mayo de 2009
Presentación
Cuentos misóginos con moraleja. Hoy: El Soldadito de Plomo
domingo, 24 de mayo de 2009
Sin entender, apenas oyó
Recetas Históricas
domingo, 17 de mayo de 2009
Lógica herodiana
El aprendiz
domingo, 10 de mayo de 2009
El fantasma más viejo
La Guerra Final
sábado, 2 de mayo de 2009
Batifondo
La medicina es una ciencia exacta
Desde hacía tiempo, en los clasificados barriales se presentaba como Tupaq Qhawana, y decía ser jampiri del pueblo kolla, venido del Tawantinsuyö y de los ayllus altoandinos, inspirado por Tayta Inti y Mama Killa; pregonaba que era capaz de traer y amarrar al ser querido, hacer florecer un negocio, leer las hojas de kuka esparciéndolas sobre un haguayo y adivinar el humo del cigarro; revelaba que era depositario de los willka unanchakuna legados por Manco Kápac, el Intichuri; que hacía videncia pendular y curaba daños, hechizos y maleficios; se declaraba conocedor del kausay -que le fuera revelado en un kamakuy de Wiraqocha y Pachakamaq juntos-; heredero del lliupacha-yuyaychay, la cosmovisión de los kollas sólo entendible en runa šimi y sin traducción posible en kastilla šimi.
Aclaraba, por si hiciese falta, que los materiales estaban incluidos en el precio de todos sus trabajos.
Su consultorio era una habitación de paredes descascaradas, alquilada a una familia boliviana, a pocas cuadras del centro de Laferrere; y en la puerta había colocado una plaqueta de bronce en la que se leía “Tupaq Qhawana jampiri inka-curandero”.
Atendía con un disfraz más próximo a una arapahoe de las praderas norteamericanas que a un willka incaico. Recibía a sus pacientes con el saludo ritual
— Ama quella, ama suwa, ama llulla, ama hap’a
Al que ellos respondían con una mezcla borrosa de oraciones cristianas
— … y con tu espíritu
— … por mi gran culpa
— … sin pecado conseguida
En realidad, había hecho dos años de la licenciatura en astrofísica en la Universidad Nacional de La Plata.
Cierta vez oyó de alguien que curaba con numerología, y decidió ir más allá, aplicando una mezcla extraña de yachay quichua y análisis matemático.
La primera en quien probó el nuevo método fue Ña Ángela, que estaba peleada con su aparejado y no podía con su problema ella sola. Estaba convencida que de pura envidia le habían hecho una saladura; y fue a ver a Tupaq Qhawana para que le haga una limpia.
Previos ritos de purificación, el jampiri le dijo
— El mal es una abstracción, Ña Ángela, como los números -uno ve una manzana al lado de otra e inmediatamente asocia “dos”- y siendo así, nos podemos valer de los recursos de la matemática para entender al mal. Por ejemplo, la Pachamama me muestra que usted tiene problemas de hígado; y llego a eso partiendo de un khipu kolla, que representa una ecuación binómica indeterminada de tercer grado a la que podemos aplicar la integral segunda de Riemann-Stieltjes, por ser una serie infinita recursiva sujeta al cálculo de variaciones de Lagrange; y puedo decirle que el resultado, en el campo de los reales, es uno solo: su marido. Me lo dice Amaru, va a tener que aplicarle determinantes. Tome esta chuspa, y vaya dándosela de a poquito.
El marido de Ña Ángela sufrió una apoplejía apenas una semana después.
La carátula de la causa penal dice: “Sosa, Anselmo s/ejercicio ilegal de las matemáticas”
domingo, 26 de abril de 2009
Sodoma
Yahvé dijo: “Lot, sobrino de Abraham, destruiré la ciudad con fuego y azufre, Su pecado es muy grave e irreversible”.
Lot intercedió y Dios concedió: “No la destruiré si encuentras diez justos”. No los había. Buenos Aires fue arrasada.
Hay una salida
Hoy se suicidó. Se cansó. Ya no quiso más.
La jornada empezó como siempre, manchada de color gris rutina; y apenas abrió los ojos, recordó que sería como todos los días anteriores y los que vendrían después. Una voz apenas audible surgió desde el fondo de su mente y le dijo en un susurro
-Hay una salida, hay una salida.
Mientras empezó sus tareas el sentimiento de tedio se hizo cada vez fuerte y, entonces, como una pequeña grieta, la idea se instaló en su cerebro en forma de pregunta
-¿Hay una salida?
Y aún suave, la voz le repitió
-Hay una salida, hay una salida.
El día avanzó lento y el hastío fue ganando terreno; mientras la voz, cada vez más fuerte, repetía
-Hay una salida, hay una salida.
Pensó en la vuelta a casa en la que nadie lo esperaba y donde repetiría lo mismo de siempre, los mismos gestos, la misma agonía.
A la hora dieciséis, veintitrés minutos, cuarenta y tres segundos treinta y cinco milésimas, poco antes del horario de finalización de su trabajo lo decidió, descubriendo que la voz en su cabeza, que ahora era la suya propia decía, casi en un grito
-¡Hay una salida!, ¡hay una salida!
Se reclinó hacia a atrás en su asiento, pronunció una plegaria en un susurro, dirigió su mano hacia su pecho, abrió de un tirón la placa de reparaciones y muy lentamente quitó su batería atómica.
Sus ojos duraron encendidos lo que tardaron en descargarse algunos capacitares de su cerebro positrónico.
El cuerpo del androide fue llevado al trigésimo primer subsuelo, a la Unidad Sigma -los talleres de reparaciones- para la operación de reciclado de elementos, con sus bancos de memoria vacíos y completamente inutilizados.
Los ejecutivos llamaron de urgencia a una reunión de Consejo de Administración de la Empresa, alarmados por la creciente ola de autoapagado de máquinas, originada por suicidio 3.1, el virus modificado con el que los habían hackeado y que estaba haciendo estragos en los recursos y bienes de la compañía.
viernes, 17 de abril de 2009
Aislamiento
Cuando lo descubrí, horrorizado, grité con todas mis fuerzas hasta que sangró mi garganta, rasguñé hasta que mis uñas se salieron de mis dedos. Nada que hacer. Imposible oírme, enterrado a dos metros bajo tierra.
domingo, 12 de abril de 2009
Primer Contacto
-Sa-lu-dos, te-rrí-co-las- dijo el alienígena.
Los nativos los miraron con curiosidad un momento. Luego los ignoraron.
-Que-re-mos ha-blar-con-su-li-der
Los otros siguieron pastando. Las manadas de triceratops del cretácico tardío no tienen líderes.
Cuatro días de paz
Soy cadáver. Las fiebres me enfermaron y, finalmente, acabaron conmigo; y ahora hace ya cuatro días que he muerto. Claro que tuve miedo, mucho miedo. Quién, en sus cabales, puede decir con sinceridad que no le teme a la muerte como se teme, al menos, a todo lo desconocido; con esa aprehensión que nos produce lo que nos saca de la rutina. En mi caso, de la rutina de vivir.
Fui querido; y morí en compañía de los míos. De mis hermanas, de mi familia y de algunos amigos. Y aunque otros, muy amados míos, no estuvieron conmigo antes de mi partida, sé que me lloraron y se conmovieron por mi final.
Como siempre ocurre, al que parte sólo podemos demostrarle nuestro cariño de una manera curiosa: a través de los ritos funerarios. Y en mi caso no estuvo nada mal. Mis hermanas cerraron mis ojos y me besaron, me lavaron y ungieron con perfumes y aceites, ataron mis manos y mis pies, me vendaron y pusieron mirra y aloe entre las vendas; colocaron dos denarios sobre mis ojos y cubrieron mi cara con un sudario. Vinieron a despedirme todos los habitantes de mi aldea y hasta de aldeas vecinas. Fui llevado en procesión hasta el sepulcro en un féretro de mimbre. Algunos rasgaron sus ropas en señal de duelo, dijeron plegarias y hermosas palabras de lamentación, en recuerdo mío. Me colocaron boca arriba en un nicho blanqueado con cal, en la misma cueva donde descansan mis ancestros; y la entrada fue taponada con una roca enorme.
Así supe que fui querido.
En la oscuridad y el silencio, cosa curiosa, perdí el miedo y me sentí en calma y en paz. La muerte es buena y no pesa el saber que es para siempre. Vinieron a mi mente recuerdos de mi vida, desde la primera infancia y reviví cada uno de ellos con todo detalle. Podría decir, en cierto modo, que el sentimiento es bastante parecido a la felicidad.
Pero –siempre hay un pero- ningún descanso puede ser tal. Hoy, por la mañana, llegó de un largo viaje mi muy querido amigo, uno de los que no pudo acompañarme en mis últimos días. Junto con los suyos, consoló a mis hermanas, lloró por mí, se paró frente al sepulcro, oró, mandó que corrieran la piedra de la entrada, a pesar del olor a muerte que yo emanaba; y ordenó
- Lázaro, levántate!
Lástima. Tan lindo que estaba acá y tener que levantarme, porque a éste se le ocurre hacer milagros justamente ahora, y conmigo.
domingo, 5 de abril de 2009
La banshee
El grito; lastimero, profundo y sostenido; sonó en el bosque anunciando la muerte de alguien en mi familia.
Es raro. Maté a todos los míos hace diez años. Y no hay banshees en la Pampa
Niños envueltos
No sea zonzo. No vamos a escribir algo de humor recurriendo al remanido chiste de “tómese un niño, preferentemente de corta edad, envuélvalo en su mantita preferida, luego en celofán e introdúzcalo en el horno, todavía a baja temperatura, así sufre más durante la cocción, etc, etc, etc.”
No.
Se trata de una recomendación para cocinar niños envueltos, como contraposición a niños desenvueltos; es decir para cocinar a niños timoratos, asustadizos, indecisos, apocados, miedosos, temerosos, tímidos.
Como padre, a usted habrá pasado por una situación semejante a ésta: reunión de amigos en su casa, nene vení y recitale el canto cuarto de
Por la pérdida del infante no se haga problemas. Después hace otro con la patrona.