miércoles, 21 de octubre de 2009

¡Gané otro premio!

Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve para Niñas y Niños “Garzón Céspedes” 2009 (Madrid / México D. F., Octubre de 2009. Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE)y Comunicación, Oralidad y Artes (COMOARTES, S. L) para Daniel Frini (Argentina) por su obra "Ludmila y el Ratón Pérez"

Ludmila y el Ratón Pérez

Ludmila, una niña de unos ocho años, está subida a la mesa del comedor de su casa. Las sillas están en completo desorden y una de ellas está caída en el piso. También están en el piso un mantel y los restos de los utensilios del desayuno. Sobre la mesa, y al lado de Ludmila está caído un florero, con cuatro flores. La luz blanca cenital alumbra la mesa y deja el resto del escenario en sombras.
Ludmila está vestida con pijamas, y sostiene con su brazo izquierdo, apretado contra su cuerpo, un muñeco de peluche.

Ludmila: ¡Por allá! ¡se fue por allá, mamá! (con su brazo derecho señala un lugar indefinido entre el público) ¿Lo viste?Era así de grande (estira su brazo hacia arriba, sobre su cabeza, como señalando una estatura) ¡No! ¡Así! (se pone en puntas de pié, manteniendo su brazo levantado) ¡Parecía un oso!¡de verdad! ¿no lo viste?, pero, si pasó al lado mío cuando estaba tomando la leche ¿no sentiste mi grito? ¡Vos sabés que me asustan los ratones!
Llevaba una bolsa grandota en el hombro, ¡uy, qué miedo!, como el hombre de la bolsa que me contó el tío Claudio. Pero allí lleva los dientes ¿no mamá?. Claro, debe ser así. Porque está recolectando los dientes que los chicos dejaron anoche bajo sus almohadas. Pero, qué raro, porque yo me fijé esta mañana, y no me había dejado ni una moneda. ¡Ah, sí! Claro, mamá. A mi no se me cayó ningún diente. Entonces ¿qué haría por acá? Debe tener su casita cerca. Bueno, más que casita debe ser un castillo como el del cuento que me leíste anoche; porque tiene que ser gigante para que entre semejante ratón. ¡En serio, mamá, no te miento! ¡era súper grande!
Sí mamá, tenía una barba larga y muy blanca.
Si, mamá, estaba vestido con un traje rojo y un cinturón negro muy grueso.
Si mamá, también tenía botas. Si, mamá, negras ¿cómo sabías?
¿Papá Noel?¿Estás segura, mamá, que era Papá Noel?. Ah, bueno. Sí, mamita, ya me bajo…(despacio, pone un pié sobre una silla, para bajarse de la mesa, mientras dice lo siguiente) Hubiera jurado que era un ratón…

sábado, 10 de octubre de 2009

Cuentos misóginos con moraleja. Hoy: Cenicienta

Había una vez una niña muy hermosa, huérfana de madre y cuyo padre casó en segundas nupcias con una malvada, que hizo de la pequeña una sirvienta. Todos conocemos el cuento ¿verdad? Lo cierto es que la versión más difundida contiene algunos errores. En primer lugar, no hubo zapatito de cristal; sino unas sandalias skippy de plástico transparente que, tal como descubrió el príncipe cuando casó con la doncella, una vez superado el affaire del baile en el palacio, despedían un atroz olor a patas. Por otra parte, la niña, si bien no era fea, tampoco era una belleza digna de Play Boy. Cinco años y cuatro hijos después, fue ella la que se transformó en una calabaza de unos 150 kilos.
Moraleja: cuidado niños, sigan solteros hasta los cuarenta, Huyan de las hermosas. Además, siempre están mejor sus hermanas.

Microcuentos de seis palabras

Dios responde a mi pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? I
No tengo la más puta idea

¿Dónde dejé las llaves?
¡Cabeza de chorlito! Las dejaste en

Telegrama I
Explotó bomba. Mil kilotones. Estamos muertos.

Telegrama II
Cayó meteorito. Invierno global. Nos extinguimos.

La verdadera historia de la resurrección de Lázaro
¡Lázaro levántate!¿Dónde pusiste el dinero?

Mensaje de texto para poner los pelos de punta
No me llames. He muerto ayer

Porqué no fui a trabajar

Está lloviendo. Tengo frío. Tengo sueño


Acerca de los placeres de la vida

¡Oh, mi Dios!¡oh!¡sí!¡sí!


Mi finada abuela me decía

Hijo, sáqueme los gusanos del ojo


Ultimo viaje

Mamita, vienen a llevarte al cementerio


Dios responde a mi pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? II

¿Yo qué sé? Buscá en Google


Lo que le dijo el monstruo al Dr, Frankenstein

Papá, mirá, tengo dos manos izquierdas


¿Quién apretó el botón rojo?

No me miren. Yo no fui.


La pata del mono

Quiero que desaparezcan las malas perso


Qué opina Dios de la humanidad

Me tienen los huevos al plato


La queja del diablo

¡Uf! ¡qué manera de tener trabajo!


Porqué está triste la princesa

Soltera. Embarazada. El rey no sabe.


Dios responde a mi pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? III
¿Porqué los humanos preguntan tantas pelotudeces?


Dios responde a mi pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? IV
Estoy ocupado. Por favor intente despuès

Dios responde a mi pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? V
tuu tuu tuu tuu tuu tuu ...

Dios responde a mi pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? VI
Lucifer, atendé vos a este pelotudo

La tortura del masoquista
Para que hablara, le hacían caricias

Qué dijo Dios cuando realizó el reparto de inteligencia entre las especies y de cómo el hombre resultó el más beneficiado
de tin marin de do pingüé

viernes, 2 de octubre de 2009

Un cuento de Esteban Dublín

Esteban Dublín tuvo la amabilidad de homenajearme con un cuento:

Mensaje divino
—¿Alguien me ha llamado, Alan? —pregunta Daniel Frini a su hijo luego de saludarlo.
—¡Sí, papá! —se apresura el muchacho—. Un señor Dios como siete veces. Que hagas el favor de dejar de cambiarle las historias.

¡Gracias, Esteban!

domingo, 6 de septiembre de 2009

¡Un cuento mio en "Visiones 2009"!


¡Más contento que perro con dos colas!
Acabo de recibir un mail donde me avisan que mi cuento "Éramos un millón de animalitos ciegos" fue seleccionado por la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) para integrar la antología "Visiones 2009".

La lista es la siguiente:

"El monstruo en el armario" de José Javier Bataller Gómez
"Éramos un millón de animalitos ciegos" de Daniel Frini
"Ori Kami" de Héctor Gómez Herrero
"En cabinas individuales" de Alejandro González Gómez
"Una simple cuestión de supervivencia" de María del Pilar Jorge
"Crónica de la muerte cromática" de Miguel Ángel López Muñoz
"Alimañas" de Sergio Macías García
"La ciudad bajo las aguas" de Ricardo Montesinos Valentín
"Centinelas del otro lado" de Julián Muñoz Carrasco
"Indigestión" de Manuel Jesús Osuna Blanco
"La búsqueda" de Salvador Patricio Gómez
"En la oscuridad" de Virginia Pérez Puente
"El incidente Timmy O'toole" de Francisco Javier Sánchez Donate
"La máscara de Isis" de Rubén Serrano Calvo

domingo, 30 de agosto de 2009

Familia religiosa

En el pueblo somos ocho primos. Nuestras madres son todas hermanas. De la Caridad. Somos hijos del mismo padre, al que le decimos tío. El cura Braulio.

Bisnes ar bisnes

Estoy felizmente casado con Analía; tenemos dos hijas: Luciana, de diez y Marisa que el fin de semana pasado cumplió quince años. Analía es abogada, muy buena ¿eh? Trabaja en el centro, en un estudio del cual es socia; especializado en casos de derechos humanos.
Es una época, qué se yo, interesante. Tiene mucho trabajo, no nos podemos quejar y ella se hizo bastante conocida. Apareció en la tele con Chiche, con el otro ese que sabe armar quilombos al aire… Antes era más difícil, pero ahora hasta el gobierno los apoya. Y es brava, ¿sabe? No la van a pasar por arriba así nomás. ¿Se acuerda cuando el despelote con el fiscal Lopéz? Bueno, fue ella la que sacó las papas del fuego cuando encontró los folios perdidos. Se metió de prepo en el despacho del doctor Saravia, y los sacó de su escritorio. Saravia no dijo nada porque no podía explicar porqué los tenía él…
¿Qué hago yo? Yo…, en fin, tengo una concesionaria de autos importados sobre Libetador, en Olivos, pero en realidad mi verdadero trabajo es, bueno, matar. Si, matar gente, personas. Y es un trabajo muy bien pagado. Y hay mucho, no crea…
Con la concesionaria tapamos las apariencias, pero los capos saben cómo es la cosa. Soy casi, casi oficial.
¡Uh! Hace rato que trabajo de esto. Desde los diecisiete. Claro que empecé por casualidad; y con un poco de suerte nunca caí, y fui aprendiendo el oficio. No sé, ya perdí la cuenta, pero deben ir como doscientos. ¿Se acuerda del caso Barrentes? Bueno, ahí estuve yo. También con el caso de los hermanos Zalazar, el del joyero del Once, el de Ventimiglia; sólo por nombrarle los últimos más conocidos … Y, hay que tener poca sangre, porque si uno piensa qué son … Yo me los imagino como muñecos, y listo.
Hace unos días recibí un encargo curioso. Debí hacer un trabajito para amedrentar a mi propia esposa. Parece que con un caso que están llevando en el estudio asustaron a un pajarito de la vieja guardia que no debe caer porque sabe mucho de cómo estaba organizada la cosa.
Dijeron que se había contemplado la posibilidad de anular a Analía, pero desistieron porque sería muy evidente y levantaría mucha polvareda. Entonces, se acordaron de mí, y me dieron el contrato. Me pagaron bien.
Lo ejecuté el sábado, en el cumpleaños de la nena. Desde un teléfono robado de esos que venden en la estación, le dejé un mensaje en el celular a mi mujer, que decía “cuidate vos a partir de ahora”.
Después, antes del brindis puse dietilglicol en la copa de la cumpleañera. Mi hija murió dos horas después en los brazos de su madre.
En este trabajo no se puede decir que no.
Bisnes ar bisnes, como dice mi amigo yanqui.
Lástima que las tres cuartas partes de lo que gané se me fueron en pagar la fiesta y en el tratamiento de Analía.

domingo, 23 de agosto de 2009

Apollo XIII

-Houston, tenemos un problema- dijo el astronauta John Swigert
-Houston ¿me copia?
Desde hacía once minutos trece segundos, cuando estalló el complejo Phoenix, no quedaba nadie en la Tierra que pudiera ayudar a la nave

Machismo Bíblico II

Herbert von Saks menciona, en su “Excursiônis Tellus Ioudeorum”, a los agridagi, una tribu de las planicies de Anatolia, y que serían los mismos khjuinihi del targúm de Onquelos y de la versión siríaca de la Biblia; que tomaron contacto con occidente bien entrado el siglo XIX; quienes guardaban un escrito muy antiguo, hoy desaparecido, con una versión diferente del Pentateuco. Allí, el pecado original no sería el egoísmo, ni la vanidad de querer saber tanto como Dios. Para los agridagi el pecado original es una mezcla de curiosidad de Adán -que consideran buena- y desatino de Eva: ella lo invitó a ver qué había fuera del Edén. Estando desnudos, Adán salió primero y Eva detrás. Una ráfaga cerró la puerta, que no tenía picaporte por fuera. Eva había dejado las llaves adentro. Dicen que el escrito detallaba, claritos, los exabruptos proferidos por Adan

domingo, 16 de agosto de 2009

El tonto del pueblo

Cada 28 de diciembre lo mismo. Bromas, bromas, bromas. El que ríe último, ríe mejor. La fiebre de Marburg, mortal y sin cura, es fácil de disimular en el tanque de agua comunitario.

Cómo pasar camellos por ojos de agujas

No es fácil y tiene sus trampas. Y lleva tiempo. Pero se puede hacer. En primer lugar, consígase una aguja de aquellas que usaban nuestras abuelas para coser colchones, de ojo grande, para no renegar tanto. Tome un camello, de tamaño mediano a chico; mátelo y proceda a trozarlo, prolijamente, en lonjas de un ancho no superior al alto del ojo de la aguja y en un espesor no mayor que el ancho de dicho ojo. Cuando mayor longitud tengan las lonjas obtenidas, mejor. A continuación deberá dejar de lado su asco, en el caso de no atraerle la carne cruda o la sangre de camello, pues deberá tomar, una a una, las lonjas obtenidas, sostenerla por un extremo entre sus dedos pulgar e índice, mojarla levemente entre sus labios; con los mismos dedos, pero de la otra mano, deberá hacer un movimiento entre circular y cónico para aguzar el extremo del trozo de carne, luego enhebrarlo en el ojo de la aguja en cuestión y pasarlo por él, con mucho cuidado. Repetirá esta operación con cada una de las partes en que haya dividido al camello. Con algunas, como los pelos, le será más fácil. Con otras, los huesos son un ejemplo, tendrá mayores inconvenientes. Por supuesto, puede ayudarse de anteojos o una lupa. No se desanime. Trate, sí, de apurarse porque esta operación le tomará varios días y quizá hasta años y el animal se irá pudriendo; haciendo, quizá, más repugnante la operación de mojar el extremo de cada parte entre sus labios.
Existe un truco para la sangre y fluidos derramados, consistente en construir un pequeño embudo que insertará en el ojo de la aguja. Con una esponja absorberá estos fluidos del piso o la mesa de trabajo; y la escurrirá en el embudo mencionado.
De esta manera, con paciencia, usted alcanzará el Reino de los Cielos.
El verdadero milagro no es este, si no armar el camello de nuevo, una vez que pasó por el ojo de la aguja. Y no me venga con ADN y clonación. Después le cuento cómo se hace. Esa es otra historia.

domingo, 9 de agosto de 2009

Placero

Qué porquería. Estoy podrido de limpiar de sangre las veredas de la plaza, porque a este pueblo de mierda se le ocurre festejar el día de los inocentes matando a todos sus chicos. Mirá: más tripas.

Ap. 6:1

Entonces, el Cordero abrió el primero de los sellos del Libro y vi al primer jinete. Llevaba un arco y una corona, y le fue dado el poder de vencer a sus enemigos. Su nombre era Victoria.
El Cordero abrió el segundo de los sellos del Libro; y vi al segundo jinete. Llevaba una espada muy grande y le fue dado el poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se maten unos a otros. Su nombre era Guerra.
El Cordero abrió el tercero de los sellos del Libro; y vi al tercer jinete. Llevaba una balanza en su mano. Su nombre era Hambre.
El Cordero abrió el cuarto de los sellos del Libro; y vi al cuarto jinete. Lo seguía todo el infierno y le fue dado el poder sobre la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras. Su nombre era Muerte.
Vi, también, que Victoria iba montado en un burro petizón, de pelaje tordillo blanco, de cabeza grande y orejas caídas. Con el trote lento, la corona de Victoria estaba ladeada, y el arco a su espalda subía y bajaba, como un elástico, al ritmo de la marcha.
Y vi que Guerra jineteaba un caballito de madera, de color rojo, con rueditas, como aquel que me regalaron mis padres para navidad, cuando yo tenía seis años. Guerra se impulsaba, trabajosamente, con sus pies; renegando en el terreno pedregoso. Arrastraba su espada, que dejaba un surco enorme en la tierra.
Y vi que Hambre montaba un matungo negro; viejo, muy viejo, afiebrado, con cicatrices de heridas antiguas y costras sanguinolentas de heridas nuevas en el lomo, las patas y la cabeza. Hambre llevaba la balanza colgada a un costado de la montura, llena de polvo y con vestigios de telarañas.
Y vi que Muerte cabalgaba un viejo caballo de calesita —reliquia arrancada de alguna plaza— de fibra de vidrio, pintado con laca amarilla descascarada. Los de la primera fila de la legión del infierno que lo seguía, se sonreían. Los últimos lloraban en franca carcajada.
Y oí que Victoria decía “Ya nadie nos respeta…”
Y oí que Guerra decía “Nadie cree en nosotros…”
Y oí que Hambre decía “Estamos muy viejos para estos trotes…”
Y oí que Muerte decía “Estos de atrás, la verdá que me rompen soberanamente las pelotas…”

domingo, 2 de agosto de 2009

Cuidado

Mientras leés esto; alguien, detrás tuyo, apresta una daga para degollarte.

Teoría de la extinción de las especies

Era la hora en que el sol está en lo más alto de su camino, cuando Jafet entró a la tienda.
— Padre.
— ¿Si, Jafet?
— Tenemos un problema.
— ¿Cual, mi primogénito?
— Resulta que …
— ¡Viejo!— Interrumpió Cam, que había entrado cinco pasos después que su hermano.
— ¿Qué querés, Cam?¿No vés que estoy hablando con Jafet?
— ¿Quién carajo hizo estos planos?
— ¡Más respeto, que me fueron entregados por Yahveh Elohim!
— Entonces, el boludo sos vos, viejo…
— ¡Blasfemo!— El padre se abalanzó, chancleta en mano, para surtir a su hijo. Entonces, interrumpió Jafet:
— Espera, padre. Aunque intempestuoso, Cam tiene razón. Creo que hay un problema.
— ¿Cual?
— ¿Qué te dijo, precisamente, Yahveh Elohim, respecto a las medidas?
— “Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura”
— ¿Y los codos tomados en qué sistema?¿babilonio o asirio?
— ¡Codos son codos acá y en Egipto!
Cam terció diciendo
— Y me querés decir, viejo pavo, ¿cómo metemos a todos los bichos ahí dentro?
— Pero…
— Así es, padre. No entran todos— acotó Jafet
— No puede ser …
— Si, padre, ya lo comprobamos
— Pero… ¿Y qué hacemos?
— Preguntale a Yahveh Elohim
— ¡No me contesta!¡Me dijo que no lo llamara más y que me arregle como pueda!
— Y… vos lo molestaste bastante…
En ese momento, entró Naama a la tienda:
— ¿Qué pasa acá?
— Madre…— comenzó a decir Jafet, pero Cam lo interrumpió
— Vieja, están mal las medidas.
— ¿Cómo? ¿Seguro?
— Sí, madre— insistió Jafet —Justamente, estábamos diciéndole a nuestro padre…
Pero entonces, Naama estalló:
— ¿Ves que sos un tarado? Te dije, te dije “¿estás seguro?” “Sí” me contestaste. ¿Ves que no se te puede confiar nada?. Le pido una onza de pan, y el señor va y me trae dos mignones. Le digo que me compre una pieza de tela de lino, y el quetejedi me trae algodón, que se le van los colores a la segunda lavada ¿Qué vas a hacer, ahora?
— Y no sé. Yo …
— No te preocupes, padre…— ensayó Jafet, intentando poner optimismo, pero Naama estaba fuera de si:
— ¡Y quiere construir tamaño artefacto, cuando lo más cerca que estuvo del agua fué la vez que se bañó!
Cam insistió:
— No, si es lo que yo digo. A nado los vamos a tener que llevar a todos…
— ¿De qué están hablando? — dijo Sem, el menor de los hermanos mientras entraba a la tienda.
Naama continuó, furiosa:
— ¡Tu padre!¡el elegido!¡el justo!¡Dos años poniendo todos nuestros ahorros en este cascajo de madera! Ni salidas a visitar parientes, y mucho menos vacaciones en las montañas Urartu ¿Y para qué? ¡Para que el buen hombre le erre en las medidas!¡Y le hecha la culpa a Yahveh Elohim!
— ¡Yo no le hecho la culpa…!— se defendió el padre. Pero Naama siguió:
— ¿No pensaste en los vecinos? Cansada estoy de oirlos: “Ahí va el loco del barquito” “¿Así que va a llover mucho, don?” “¿Y porqué, mejor, no se inventa el paraguas?”. Y vos vas, y le dás de comer a esa manga de chismosos que se nos ríen en la cara. Ya los escucho: “¿No le queda algún cuartito para alquilar?” “¿Y un gomón?¿porqué mejor no sube al hipopótamo a un gomón?”
— ¿Y cual es el problema? — dijo Sem, tan pragmático como siempre
— ¿Cómo? — dijo Naama
— ¿Cómo? — dijo Cam
— ¿Cómo? — dijo Jafet
— ¿Cómo? — dijo el padre
— Desháganse de algunos bichos…
Si bien a Naama no se le pasó por alto que el “desháganse” era una clara referencia al “háganlo ustedes, que yo miro” tan clásico en Sem, inmediatamente vió la ventaja de la propuesta. Y decidió defenderla, como una manera de salvar algo del inminente escarnio al que la someterían las chusmas del barrio.
— ¡Jamás! — dijo el padre
— Callate, viejo — dijo Cam
— Podría ser … — dijo Jafet
Esa misma noche, a la luz de una débil vela de sebo, mientras Sem bailaba afuera, al compás de una música machacona que hacía con sus crótalos; la familia confeccionaba la lista, ante la temible mirada de Naama.
— ¿Triceratops? – preguntó el padre
— No. Dijimos que ningún bicho de más de doscientos cincuenta talentos de peso — dijo Jafet
— ¿Y el elefante, entonces?
— Ese safa justito…
— ¿Sirenas?— preguntó nuevamente
— Claro— dijo Naama— El señor quiere mirarle las tetas…
— Es un bicho de agua— dijo Cam — que se arreglen solas
— ¿Unicornios?¿Centauros?¿Pegasos?
— Ya pusimos caballos, y son parecidos
— ¿Yetis?
— Se van a morir de calor
— ¿Ñandúes?
— ¿Y esos?
— Más o menos como el avestruz
— ¿Y cuál es cuál?
— No sé …
— Dejalos a los dos
— ¿Dragones?
— Nos van a quemar el barco
— ¿Esfinges?
— ¿Para qué queremos leones con alas?
— ¿Mamuts?
— No entran los cuernos. Y además ya lo tenemos al elefante
— ¿Megaterio?
— Ya está el otro perezoso que es más chico…
Y así continuaron toda la noche.
Un mes después, empezó a subir el agua y el arca se alejó. En cubierta, sin mirar atrás, Noé sonreía. Yahveh Elohim se regocijó con él.
Los animales que quedaron en el islote que fueron las tierras de la familia, miraban sin entender. Algunos lloraron.

sábado, 25 de julio de 2009

Cifrado

¿Alguien sabe qué significa este mensaje? Yo no lo entiendo. Lleva varios días repitiéndose en el viejo receptor morse:
P-O-R-E-L-A-M-O-R-D-E-D-I-O-S-S-A-L-G-A-N-Y-A-M-I-S-M-O-D-E-A-L-L-I

Troyano en el caballo de Troya

Dos horas, siete minutos, veintitrés segundos cuarenta y dos centésimas después de haber empezado mi viaje en el tiempo, salí del sueño cuántico colgado de un brazo y una pierna en la compuerta de madera del dichoso caballo, al oscuro (sólo unos tenues reflejos de la luna llena) y dentro de los muros de la casi feliz ciudadela troyana.
-¡Carajo! - dije.
-¡Papadópulosizquierdópulosaantecabeconsegúnsinsosobretrás!- profirió un negro grandote, con yelmo, escudo y espada, sudado, con un terrible olor a bolas, y vestido con una minifaldita ridícula.
- ¡Pará hermano, que me caigo! - le dije.
Era evidente: quería bajar para empezar con el saqueo, y yo me le vine a aparecer justo antes que sacaran la escalerita de sogas.
- Vos debés ser Odiseo ... - alcancé a mencionar, con un hilo de voz.
-¡Geografíapandemiaarchipiélagoclorofila! - dijo, mientras me descargaba un mandoblazo, que alcancé a esquivar apenas.
A esa altura de los acontecimientos, con tamaño despelote, ya se habían avivado los troyanos.
Cuando logré apretar el botoncito para regresar al presente, apenas quedaba un griego, tratando de escalar las murallas de Troya, para escapar a la furia de París y los suyos.
Otra vez en mi laboratorio, me fijé en mi biblioteca. No encuentro la Ilíada. Pero me apareció un libro nuevo de Homero, la Troyánida. En la introducción, dice que el autor era sordo. Hubiera jurado que era ciego.

sábado, 18 de julio de 2009

1er Premio IV Certamen de Cuento Breve y Poesía COSME SEBASTIAN RENIERO

Mi cuento breve "El Aprendiz"fue galardonado con el 1er Premio en el género "Cuento" del IV Certamen de Cuento Breve y Poesía COSME SEBASTIAN RENIERO, organizado por la Municipalidad de Avellaneda (Santa Fé, Rep. Argentina) a través de la Secretaría de Gobierno y su Área de Gobierno, junto al Centro de Escritores de Avellaneda.
¿Qué tal?
Si tienen ganas, pueden leerlo en

Mártir

El 28 de diciembre del 300, siendo Dioclesiano emperador; después de sufrir en el potro por su constancia en la fe, y mientras lo descarnaban con garfios; dijo Rogaciano:
— Bueno, muchachos, como joda ya está bien

Estimulación casera

-¡Dale nomás! - decía la madre -¡seguí con la guitarrita tocando idioteces!
-¡Andá a trabajar, atorrante!- decía el padre -¿o creés que te voy a mantener toda la vida?
-¡Soy un artista! - decía el hijo -¡las musas han venido a mi lado y me dictan mi obra magna!
-Pásenme la sal- decía el abuelo.
-¡Generaciones venideras alabarán mi genio!- decía el hijo
-¿Generaciones venideras?- decía el padre -¡Lo unico que veo venir es que mañana venís a la obra conmigo, a revolear ladrillos!
-¡Blasfemo!- decía el hijo
-¡La puta que te parió! - decía el padre
-¿Y yo qué tengo que ver?- decía la madre
-¿Me pasan la sal?- decía el abuelo
-¡Soy un artista!- decía el hijo -¡debo acatar el llamado de Euterpe!
-¿Quién carajo es esa?- decía el padre
-La musa de la música...- decía la madre
-¡La sal, porca miseria! - decía el abuelo
-¡Vas a acatar el llamado de la musa del pastón de cemento! - decía el padre.
-Ella me inspira, me estimula...- decía el hijo
-¡A vos te va a estimular un patadón en el culo! - decía el padre
-¡La sal!¡la sal!¡la sal!¡la sal! - decía el abuelo
-Pero nene...tenés que trabajar.¿porqué no dejás la guitarra para los fines
de semana?- decía la madre.
-Para la creación no hay tiempo ni momentos- decía el hijo
-¡Para la joda, querés decir!¡para trabajar sí hay tiempos!¡mañana a las seis te quiero conmigo, cagándote bien cagado de frio!- decía el padre
-¡Cuando me recuerde la historia, dirá, también, que mi padre era un tirano!- decía el hijo
-¡Y mi hijo un pelotudo!- decía el padre
-¿Me pasan la sal?- decía el abuelo-Pero viejo...- decía la madre
-¡Viejo, las pelotas!- decía el padre
-Te va a subir la presión ...- decía la madre
-¡Ahora lo defendés!- decía el padre-¡A este sinvergüenza, defendés!
-Ustedes no me comprenden.. - decía el hijo.
-Madonna santa... Las milanesas no tienen sal- decía el abuelo.
-¡Terminela con la sal! - decía el padre
-¡No te metás con papá! - decía la madre
-¡Viejo de mierda, es más zángano que tu hijo! - decía el padre.
-¿A quién le decís viejo de mierda?¡que si no fuera por él, que nos ayudó con la casa, hoy me tendrías viviendo en una villa miseria! - decía la madre.
-¡Dejate de joder...!- decía el padre
-¿Quién está jodiendo?¿O el señor se cree que con la porquería de sueldo que trae, alcanza?- decía la madre
-¡¿Porquería de sueldo?!¿Y vos que mierda aportás?¡Y arriba hay que mantener a tu viejo!- decía el padre
-Me voy a tocar la guitarra a mi pieza...- decía el hijo
-¿Me van a pasar o no la sal? - decía el abuelo

sábado, 11 de julio de 2009

Tres cerditos

— ¿Y nosotros qué hicimos?— dijo el mayor
— ¿Se fijaron en las gallinas? — dijo el mediano
— ¡O las vacas! — dijo el menor
El dueño del chiquero, cara de lobo, decidió sacrificarlos. Por temor a la gripe

Crisis de identidad

Con el cambio de hojas de la primavera perdí los ojos y me aparecieron branquias. Cuando llegó el verano, mis doce brazos mudaron en tentáculos. A principios del otoño aparecieron las primeras escamas, en reemplazo de las plumas. En el invierno mi trompa se transformó en una boca cavernosa y tétrica. A la siguiente primavera los cambios continuaron. Dejé la crisálida. Tuve frio por primera vez. Luego, me aparecieron pedipalpos, que trocaron en dientes filosísimos; y antenas, que después fueron aletas, y también membranas, y párpados verticales, y dentículos, y opérculos, babillas, cuernos, cercos terminales y quelíceros; mientras las estaciones siguieron pasando.
El líquido que rezumo después de atravesar mis tres estómagos, y que regurgito para alimentarme, ni siquiera es sabroso.
Yo era un empleado administrativo, oscuro, pero sin problemas. Perdí mi trabajo, mi mujer, mi familia y mis amigos. Y ahora ¿qué soy?
Deseo morir. Con mi suerte, solo falta que no exista asteroide que se estrelle contra el planeta, y deba seguir así, mutando, estación tras estación, quién sabe hasta cuando.

domingo, 5 de julio de 2009

Mi casa nueva

Lindo el ranchito. Viga central del ojo propio, techo de paja de ojos ajenos.

El complot original

—Algo se trae entre manos— dijo el Director General de la Agencia
—Es un elemento díscolo— sentenció el Jefe Operativo —Lo tengo bien vigilado.
—Deberá usted redoblar los esfuerzos por controlarlo. Quién sabe en qué problemas puede meternos. Ponga a trabajar bajo el mando de él a un agente que nos sea fiel, antes que la situación se nos haga inmanejable.
—Sí señor. Tengo al hombre indicado.
Así se hizo. Días después, Astaroth, el infiltrado, informó a sus superiores cómo el agente fuera de control, sumido en la negrura infinita, había pronunciado Las Palabras:
—¡Hágase la luz!
Siete días después, la Agencia desaparecía. El Nuevo Régimen gobierna desde entonces.

domingo, 28 de junio de 2009

Costumbres raras

1er Premio Segunda Convocatoria de Microcuentos EL DINOSAURIO

— ¡Ahí viene otra vez!¡escóndanse! — dijo el sapo más viejo
— ¡Te llena la jeta de saliva! — acotó un sapito
— ¡Repugnante! — sentenció el sapo educado
La princesa, etérea y radiante, iniciaba su ronda habitual de besos.

Ch'in Er Shi

3er Premio Segunda Convocatoria de Microcuentos EL DINOSAURIO

Er Shi Huang Di, el segundo emperador de China, buscó la isla de Zhifu interesado en la inmortalidad; tal como lo hiciera su padre, el legendario Ch’in Shi Huang Di.
Demostrando una vez más, que al destino lo hace la suerte; a pesar de ser notablemente menos capaz que Ch’in, Er sí encontró la vida eterna. Pero no supo qué hacer con ella. Hoy atiende un puesto de comida china en Retiro. Los parroquianos se sonríen y le palmean condescendientemente la espalda cuando cuenta cómo escapó de la rebelión de Liu Bang, en el doscientos siete antes de Cristo.

sábado, 20 de junio de 2009

Por favor, mamita

Me voy a portar bien, voy a ser un niño bueno. Yo la voy a cuidar. Mamita, por favor, no me entierre vivo sólo porque lo dice el chamán de la tribu.

Ella nos enseñó a descubrir mundos mágicos

Las clases con la señorita Tita eran pura poesía. Pensá que teníamos, no sé, seis años; o siete alguno que repetía; no más grandes que eso; y la mayoría con un julepe bárbaro porque apenas dejábamos nuestras casas para entrar a ese otro mundo, el de los niños de impecable blanco, como decía la directora. No había Jardín de Infantes ni aclimatación con nuestras viejas. No señor. Primeros días de marzo, olvidate de la infancia, chau mamá, y adentro, a clases.
Pero con ella ¡que delicia! Tenía el don hacerte sentir en el patio de tu casa, jugando con tus amigos.
Cierta vez nos pidió que llevásemos plastilinas de colores. Ese día la Señorita Tita entró al aula, y nos dijo:
—Hoy vamos a fabricar pájaros.
Nos dio algunas indicaciones y, con las manitos sucias después del recreo largo, empezamos a moldear bolitas chiquitas y grandes que juntábamos, unas con otras, remedando algo lejanamente parecido a un ave. Y entonces, cómo decirte, se hizo el milagro. Ella empezó a pasearse entre los bancos, diciendo:
—Qué bien, María
—Te felicito, Rubén
—Muy lindo, Mario
mientras acariciaba nuestras cabecitas.
Y después de esa caricia, en nuestras manos, esas estatuitas deformes de plastilina se transformaron lentamente en aquello que cada uno de nosotros había imaginado. Y empezaron a volar.
Aparecieron hermosos gorriones, fantásticas golondrinas, y loritos barranqueros, y benteveos, chingolitos, calandrias, cardenales, canarios, tordos. Algunos más estudiosos, que habían visto dibujos y fotos en algún manual, se le animaron a los flamencos –por aquel entonces yo no sabía que se llamaban así- y a las cigüeñas, y a un pelícano, gaviotas, garzas, petreles. Y dos o tres que tenían una imaginación fabulosa, amasaron unos pájaros extrañísimos que —la memoria, vos sabés, te juega malas pasadas— recuerdo como parecidos a quetzales, guacamayos y aves del paraíso.
Casi al mismo tiempo, las paredes del aula se desvanecieron y nos encontramos sentados en un prado, al pie de la sierra; bajo un cielo luminoso y cristalino; y con nuestros pájaros volando y piando, graznando, trinando, silbando o como se llame al canto de cada especie.
Y nosotros, embelesados, reíamos y gritábamos mientras saltábamos y corríamos de acá para allá, siguiendo sus vuelos con nuestras caritas llenas de vida, en medio de un festival de colores y plumas.
Y la Miriam que gritaba porque el cóndor que había fabricado el Cholito le hacía vuelos rasantes; porque todos sabían que el Cholito gustaba de la Miriam, como se decía entonces.
Y la gorda Alicia se quedaba quietita, con ojos de pánico, porque le tenía miedo a las palomas que le pedían esas semillitas de girasol, que ella llevaba siempre en un bolsillo; sí, las mismas que ahora se llaman pipas.
Y el José carreteaba intentando despegar mientras agitaba sus bracitos imitando el vuelo de un albatros que había inventado.
Y la Estela daba manotazos para agarrar su picaflor. Y la Susi sacaba miguitas de pan de adentro de su cartuchera para tirárselas a un hornerito que la miraba desconfiado. Y el Juancho, cómo no, buscaba piedritas; que por suerte no encontró, para poder usar con su gomera; desesperado ante tanto pájaro suelto y él sin municiones.
Yo miré a la señorita Tita: estaba radiante. Y te juro que ví al sol reflejado en una lágrima, que se me antoja de amor, sobre su mejilla.
Claro que el alboroto que hicimos debe haber sido grande, porque una milésima antes de que se abriera la puerta del aula, los pájaros se detuvieron en el aire. Volvieron las paredes, y el pizarrón, y los bancos, y el piso; se esfumó el cielo y apareció el techo de siempre, viejo y descascarado, con su lamparita solitaria colgando como un triste solcito casi apagado.
Recortada en el marco de la puerta, apareció la silueta de la directora. Adivinamos su gesto adusto de siempre; y se nos vino encima el consabido discurso: que la escuela es un templo del saber, que no se puede permitir tanto ruido, que ¡estos niños!, que el respeto por los demás, que para hablar están los recreos, y dale, dale, dale.
Mientras nos retaba, miré al piso: pedazos informes de plastilina estaban desparramados por todos lados, aplastados, como si hubiesen caído desde gran altura.
La señorita Tita, ajena al discurso y a sabiendas de su semilla plantada, sonreía.

lunes, 15 de junio de 2009

Ley de la Creación

Cada vez que digo “¡Hágase la luz!”, en alguna dimensión ignota se origina un universo nuevo, que dentro de miles de millones de años me adorará como a un Supremo Hacedor

El extraño caso del ahorcado John Horwood

Por aquellos días, yo trabajaba en el Consulado, en 27 Three Kings Yards, y solía instalarme todas las mañanas a eso de las nueve, en el Gordon Ramsay del Claridge’s Hotel—a pocos pasos, sobre Davies Street— a leer, tranquilo, el diario de mi país del día de ayer, que recorría sus buenos doce mil kilómetros para llegar a mis manos; mientras saboreaba un café canelado; que allí preparan como los dioses. En una nota al pie de la sección de noticias generales hacían referencia a John Horwood; y fue la primera vez que tuve contacto con su nombre. Solo se decía que había sido ajusticiado en Bristol a principios del siglo XIX. Aún no sé porqué asociación de ideas el nombre quedó dando vueltas en mi cabeza.
Pasaron dos o tres meses y fue Alice, mi novia escocesa de entonces, que trabajaba en el Foreing Office; quien en vísperas de un viaje suyo a Cardiff mencionó, al descuido, que debía pasar por Bristol, “la tierra donde mataron a Horwood”. Le conté de mi lectura en el Gordon, pero ella no pudo agregar mucho más a lo poco que yo sabía.
En el año siguiente el nombre de John me llegó dos o tres veces más, de manera totalmente casual; y apenas pude saber que se lo había acusado de un crimen pasional.
Finalmente, cierto día, una investigación de rutina encargada por el cónsul me llevó a la biblioteca del Imperial College, en el campus de South Kensigton. En un catálogo de publicaciones antiguas de medicina encontré una referencia al “Cutis Vera Johannis Horwood”; y agregaban que ese libro se encontraba en la Oficina de Registros de Bristol. Estimulado por tanta insistencia fortuita; programé con Alice un viaje en mi próximo franco, un día de entresemana.
Llegamos al viejo edificio de paredes de ladrillo gris de la Record Office, casi a las tres de la tarde de un día frío de finales de otoño. Nos anunciamos en recepción y unos minutos después estábamos oyendo la historia completa, de labios del encargado del archivo.
A los dieciséis años, John Horwood sentía un amor enfermizo por Eliza Balsum, a quien el muchacho le era totalmente indiferente. John llegó a abandonar su trabajo para pasar el mayor tiempo posible cerca de su amada; gastó sus últimos ahorros y hasta robó dinero con qué comprar las mejores ropas para visitarla. Obsesivo y cegado por ese amor no correspondido, amenazó a Eliza con quemar su casa paterna, y la tarde del día de navidad de mil ochocientos veinte, la siguió a un bosque cercano en donde la atacó con vitriolo; y aunque apenas le dañó la ropa, los familiares de ella intentaron vengarse. El logró escapar, según refieren testigos, mientras amenazaba de muerte a Eliza y juraba triturar sus huesos y hacerlos cenizas.
Un día, a fines de enero de mil ochocientos veintiuno, la siguió hasta cerca del arroyo que se encuentra en los terrenos de la que era, por entonces, la finca de los Balsum. Tomó una piedra de gran tamaño y se la arrojó en la cabeza. A causa de este golpe, Eliza murió el diecisiete de febrero. John Horwood fue enjuiciado y sentenciado a morir en la horca, en la New Gaol Prision, en Cumberland Road.
La sentencia se cumplió a primera hora de la mañana del viernes trece de abril de mil ochocientos veintiuno, tres días después de que John cumpliera dieciocho años,en un patíbulo levantado sobre el arco de la puerta de entrada de la cárcel, ante una multitud y según la vieja usanza, una cuerda corta para que el condenado muera más lentamente por estrangulamiento, en lugar de una larga para que el deceso se produzca por rotura del cuello.
El cadáver fue entregado al cirujano Richard Smith, de la Royal Infirmary, para usarlo en una de sus clases de disección. El esqueleto acabó en un museo de criminales ejecutados y (aquí es donde la historia toma un cariz macabro) la piel del ajusticiado fue entregada a un talabartero; quien la curtió y la llevó a un librero que la usó para encuadernar un extenso libro escrito por el cirujano Smith, en el que se relata la historia de John.
Ese es el libro que se guarda en la caja fuerte de la Bristol’s City Record Office. Pudimos verlo en su caja de vidrio. Tiene bordes dorados y cuatro calaveras con tibias cruzadas, en relieve negro, una en cada esquina. Y en su frente puede leerse el título, en letras también doradas, Cutis Vera Johannis Horwood: La piel de John Horwood.
El paso de los años lo ha hecho demasiado frágil para que se lo ponga a disposición del público y solo puede ser consultado en microfilms. En su interior se guarda la factura del encuadernador, quien cobró diez libras por su trabajo. Se detalla, también, el costo de la piel del condenado por la que se pagó apenas algo más de una libra.
Cuando salimos a Smeaton Road, ya estaba oscuro. Las luces de la ciudad se reflejaban, distantes, en el río Avon.
A unos cincuenta pasos de nosotros, y en nuestro camino, vimos a alguien parado, como dirigiendo la vista hacia el edificio de la Oficina. La noche naciente no nos permitía distinguir detalles, y no le prestamos mucha atención. Sin embargo, cuando estábamos a unos pocos metros, Alice se detuvo de golpe. La miré y en sus ojos vi asombro, primero, y pánico después. A nuestro frente teníamos a un hombre joven que parecía no sentir el frío, muy quieto. Una oleada de espanto me subió desde la espalda a la nuca cuando contemplé, tétrica, una cabeza sin cuero cabelludo, sin párpados, sanguinolenta y con unos dientes, que se adivinaban grises y sin labios que los cubriesen. Señalando con una mano lúgubre a la puerta cerrada por la que habíamos salido hacía instantes, nos dijo en un inglés con acento singular
—Mi piel está allí adentro.

sábado, 30 de mayo de 2009

Presentación

Es de noche. No hay luna. Tengo dos años. Mamá y papá están contentos. El rey Herodes les pidió que me llevaran a su palacio.

Cuentos misóginos con moraleja. Hoy: El Soldadito de Plomo

Había una vez un soldadito de plomo sin una pierna, y una bella bailarinita de juguete.
Entre ellos nació una profunda simpatía. Un día de tormenta él cayó por la ventana, unos niños lo pusieron en un botecito de astrasa que llegó al mar, se hundió; lo comió un pez al que pescaron y vendieron a la cocinera de la familia del niño dueño de los juguetes. Y todo para que cuando el soldadito se reencontró con la bailarina, esta le dijera:
- Milico de porquería. ¿Todo rotoso volvés? ¿Te creés que una va a estar esperado hasta que al señorito se le ocurra? Tomátelas, rengo gilún.
El soldadito, umbrío por la pena, se arrojó al fuego. Hoy es plomada para mojarritas. 
Moraleja: Amiguitos, no confiéis en las damitas, nunca lo esperan a uno. Son malas, muy malas.

domingo, 24 de mayo de 2009

Sin entender, apenas oyó

— ... a ser ejecutado en la horca, ahora.
Al abrirse la trampa, el cuerpo muerto se balanceaba lento. Se acercó el verdugo.
— Che, era una joda. Que la inocencia te valga.

Recetas Históricas

Una tarde calurosa de principios de junio, Herodes Antipas, su esposa Herodías y el prefecto romano Valerio Grato, conversaban amigablemente en los jardines del palacio real de Séforis.
— ¡Me encantan los niños! — decía Herodes — Mi padre; El Grande, Yavhé lo tenga a su lado; me enseño a prepararlos al horno de barro, y con guarnición de arvejas. ¡Son una delicia, mire! Yo le pongo un mejunje que preparo con sal, aceite de oliva, un poquito de albahaca y laurel. Y lo acompaño con un buen vino oscuro de los montes de Yahad. Ahora, eso si, para que sean tiernitos, deben tener menos de dos años. Más grandes, no sé, como que la carne se pone muy fibrosa.
— Lo que le recomiendo que pruebe— acotaba Herodías — es la cabeza de esenio. Hace un tiempo hicimos una, hervida en aguas de melisa y eneldo frescos; y la servimos con zanahorias, puerros y cebollas; un adobe mezcla de tomillo, orégano y salvia, y perfumada con cardamomo y regaliz; 
¿Cómo se llamaba este monje, esposo mío?
— Juan
—¡Eso! Juan. El bautista. Como sea, un manjar. Estos esenios ayunan tanto, que la carne, bien magra, me ayuda magníficamente en mi dieta.

domingo, 17 de mayo de 2009

Lógica herodiana

Un adulto piensa. Todo niño esconde un adulto. Mejor matarlos antes de que crezcan.

El aprendiz

La tarde era por demás calurosa. A lomo de burro, Dan-Istet se dirigía a aprender su oficio de escriba en la Casa de la Vida, en el viejo templo de Toht, en las afueras del oasis de Waht-Smenkht, a diez días de marcha de Uaset, la grandiosa capital del Egipto del junco y de la abeja.
Como todos los días, cuando Ra empezaba su marcha hacia la noche; Dan-Istet llegaba con su cuenco conteniendo tinta de mirra, y una hoja nueva de papiro. Lo recibía el humo dulzón de las flores de nenúfar y mandrágora que los hery-aj encendían temprano, para allanar el camino a la sabiduría de los dioses, a los que iban a aprender en la escuela.
Como todos los días, lo recibió el Gran Artesano de la Casa de la Vida,Serj-uef-Hartmanshepsut
—¡Por Horus, toro todopoderoso que aparece en la gloria de la ciudad de Men-Nefer! Dan-Istet, pequeño escarabajo de la tierra negra del Nilo ¡Otra vez llegas tarde! Ve inmediatamente adentro a esperar a tu nebef.
Como todos los días, Dan-Istet entró a su sala, se sentó cruzando las piernas en el duro suelo, dispuso el cuenco con tinta a su derecha y desplegó el papiro sobre sus rodillas; a la espera de la llegada del Escriba de los Rollos de Papiros Sagrados en la Casa de la Vida, y Fekety en el templo de Toht, Rasputilperure-ankh-Ortunhotep.
Como todos los días, seguido de varios hery-anj, Rasputilperure entró al recinto. Miró fijamente a Dan-Istet, entre las volutas de humo y en la penumbra reinante; y dijo:
— Nuevamente, pequeña pulga molesta en el gato de Sejmet, he rechazado tus deberes por defectos de forma ¡No aprendes más! Escribirás 10 veces la regla de la escuela
Y se retiró, con los otros, dejando solo al alumno.
Como todos los días, Dan-Istet contuvo el enojo. Con la visión empañada por las lágrimas, tomó su pluma, la mojó en la tinta y comenzó a dibujar en el papiro, los pictogramas tan conocidos de la regla:
“Antes de ibis o bastón, siempre va buitre”
“Los diálogos empiezan con serpiente”
“Toda oración finaliza con dátil y seguido”
“Las palabras agudas llevan codorniz en la última sílaba…”

domingo, 10 de mayo de 2009

El fantasma más viejo

Desorientado, no se encuentra entre los de su especie. El fantasma de un cavernícola muerto hace veinte mil años en Lascaux, en plena Edad de Piedra, no sabe nada de sábanas y cadenas.

La Guerra Final

Hace un milenio, la humanidad descubrió el secreto de la inmortalidad. Durante los setecientos años siguientes, los humanos del tipo H, nacidos según el método tradicional, ejercieron el dominio y desarrollaron a los tipo C, nacidos clones, y a los tipo M, modificados genéticamente. En ese período de paz relativa, no murió nadie por enfermedad y se alcanzó una población incalculable. En los trescientos años siguientes, nosotros, los tipo A, trabajando desde las sombras, instigamos la lucha entre los demás. Hace tres días murió un clon, último sobreviviente de la guerra entre los H, los M y los C. Ahora solo quedamos nosotros, un millón quinientos mil humanos del tipo A. Todos inmortales.
Mi nombre es A Utnapishtim Gamma.
Por supuesto, la A indica mi condición de nacido androide.

sábado, 2 de mayo de 2009

Batifondo

En mi habitación está la frontera entre este universo y el otro. La refriega entre materia y antimateria impide dormir. ¿Qué hago?. Tengo que levantarme temprano; y mi jefe no cree en mis razones tan cósmicas

La medicina es una ciencia exacta

Desde hacía tiempo, en los clasificados barriales se presentaba como Tupaq Qhawana, y decía ser jampiri del pueblo kolla, venido del Tawantinsuyö y de los ayllus altoandinos, inspirado por Tayta Inti y Mama Killa; pregonaba que era capaz de traer y amarrar al ser querido, hacer florecer un negocio, leer las hojas de kuka  esparciéndolas sobre un haguayo y adivinar el humo del cigarro; revelaba que era depositario de los willka unanchakuna legados por Manco Kápac, el Intichuri; que hacía videncia pendular y curaba daños, hechizos y maleficios; se declaraba conocedor del kausay -que le fuera revelado en un kamakuy de Wiraqocha y Pachakamaq juntos-; heredero del lliupacha-yuyaychay, la cosmovisión de los kollas sólo entendible en runa šimi y sin traducción posible en kastilla šimi.

Aclaraba, por si hiciese falta, que los materiales estaban incluidos en el precio de todos sus trabajos.

Su consultorio era una habitación de paredes descascaradas, alquilada a una familia boliviana, a pocas cuadras del centro de Laferrere; y en la puerta había colocado una plaqueta de bronce en la que se leía “Tupaq Qhawana  jampiri inka-curandero”.

Atendía con un disfraz más próximo a una arapahoe de las praderas  norteamericanas que a un willka incaico. Recibía a sus pacientes con el saludo ritual

— Ama quella, ama suwa, ama llulla, ama hap’a 

Al que ellos respondían con una mezcla borrosa de oraciones cristianas

— … y con tu espíritu

— … por mi gran culpa

— … sin pecado conseguida

En realidad, había hecho dos años de la licenciatura en astrofísica en la Universidad Nacional de La Plata.

Cierta vez oyó de alguien que curaba con numerología, y decidió ir más allá, aplicando una mezcla extraña de yachay quichua y análisis matemático.

La primera en quien probó el nuevo método fue Ña Ángela, que estaba peleada con su aparejado y no podía con su problema ella sola. Estaba convencida que de pura envidia le habían hecho una saladura; y fue a ver a Tupaq Qhawana para que le haga una limpia.

Previos ritos de purificación, el jampiri le dijo

— El mal es una abstracción, Ña Ángela, como los números -uno ve una manzana al lado de otra e inmediatamente asocia “dos”- y siendo así, nos podemos valer de los recursos de la matemática para entender al mal. Por ejemplo, la Pachamama me muestra que usted tiene problemas de hígado; y llego a eso partiendo de un khipu kolla, que representa una ecuación binómica indeterminada de tercer grado a la que podemos aplicar la integral segunda de Riemann-Stieltjes, por ser una serie infinita recursiva sujeta al cálculo de variaciones de Lagrange; y puedo decirle que el resultado, en el campo de los reales, es uno solo: su marido. Me lo dice Amaru, va a tener que aplicarle determinantes. Tome esta chuspa, y vaya dándosela de a poquito.

El marido de Ña Ángela sufrió una apoplejía apenas una semana después.

La carátula de la causa penal dice: “Sosa, Anselmo s/ejercicio ilegal de las matemáticas”